La vacunación es la mejor estrategia para prevenir el impacto de esta enfermedad. La administración de una dosis cada temporada se considera necesaria ya que los virus sufren variaciones en su estructura molecular que les permiten escapar de la protección conferida por la vacunación o por la infección previa. Asimismo, los anticuerpos producidos en respuesta a la vacunación y/o infección previa disminuyen con el tiempo. Con la administración de una nueva dosis de vacuna, se vuelve a preparar al sistema inmune para dar una mayor protección durante la temporada de mayor incidencia de enfermedad.
En el personal sanitario y sociosanitario también se recomienda una dosis por su mayor exposición y posibilidad de trasmisión de la enfermedad a personas altamente vulnerables, así como para reducir el impacto y el mantenimiento de servicios críticos y esenciales a la comunidad